PLUVISILVA

 

La Pluvisilva o Selva lluviosa, es la formación boscosa que se caracteriza por su exuberante vegetación, altas temperaturas y gran humedad. Son los ecosistemas más variados; ocupando sólo el 7% de la superficie del planeta, contienen alrededor del 80% de las especies animales y vegetales. Una hectárea de selva húmeda puede albergar más de 600 especies de árboles mientras que, comparativamente, los bosques de Estados Unidos y Canadá juntos poseen sólo unas 700 especies. El número de especies de insectos y microorganismos, que habitan en uno solo de los gigantescos árboles de las selvas tropicales, es mayor al hallado en todas las islas británicas.

 

Las selvas húmedas juegan un papel fundamental en la regulación de las condiciones climáticas, como el de controlar los niveles de CO2 (dióxido de carbono), gran determinante del calentamiento anormal de la superficie terrestre. Tal mecanismo es el producto de su actividad de fotosíntesis en el proceso de absorción de nutrientes, dejando como subproducto grandes volúmenes de oxígeno, elemento esencial para los demás seres vivos. Debido a su gran masa entre trópicos, particularmente en la región ecuatorial del planeta, las selvas húmedas son los mayores centros de regulación climática y oxigenación de la superficie terrestre.

 

Es característico de las pluvisilvas la gran altura de sus árboles, cuyas copas se tocan y entrelazan formando una gran bóveda vegetal que apenas permite el paso de la luz solar; las temperaturas son muy elevadas y las precipitaciones lluviosas abundan durante todo el año.

 

Su ubicación geográfica, entre los trópicos, a lo largo de toda la región ecuatorial del planeta, les permite el contacto permanente con la energía solar activadora de la fotosíntesis; así, las encontramos en Sudamérica y Centroamérica, Asia, Africa y Oceanía. Es en Sudamérica donde está ubicada la más grande y compleja de las selvas húmedas: Amazonia. Adjuntas a esta hay otras selvas de gran importancia vital, en los países aledaños, como la selvas húmedas de la costa pacífica de Colombia y la selva del Darién, entre Panamá y Colombia; la selva del Chocó en el pacífico colombiano es considerada, proporcionalmente, la de mayor precipitación lluviosa. En Asia, las más destacadas son las de Borneo y Sumatra en la república de Indonesia; luego encontramos la de Nueva Guinea en el norte de Oceanía. En Africa, la mayor concentración de pluvisilva se encuentra alrededor de la costa atlántica y en la cuenca del río Congo.

 

ZONAS DE SELVAS HUMEDAS
ZONAS DE SELVAS HUMEDAS

 

 En determinadas regiones de los hemisferios boreal y austral hay pequeñas pluvisilvas templadas a lo largo de las zonas costeras, donde las precipitaciones y la humedad son altas (de gran volumen) y la continuidad de las lluvias moderada; como en el sector de la costa pacífica compartido por Estados Unidos y Canadá. Comparativamente estas zonas sólo poseen un mínimo de especies de flora y fauna a diferencia de la abundante variedad genética concentrada en las selvas húmedas tropicales. Además, su función fotosintetizadora se ve limitada por los cambios estacionales, lo que reduce en gran medida su producción de oxígeno en el planeta.

 

Las selvas húmedas tropicales pertenecen a una categoría forestal más amplia denominada bosques húmedos tropicales con gran variedad y tipos diferentes; siendo la gran humedad, las altas temperaturas, las constantes precipitaciones lluviosas, los periodos secos, cortos e imprevisibles, y la altitud del suelo, su característica común que las diferencia de las otras clases de selvas.

 

Las precipitaciones lluviosas conforman un ciclo hídrico cerrado, haciendo que más de la mitad del agua permanezca ascendiendo y descendiendo por el efecto de evaporación-precipitación, dando lugar a la conformación de un microclima, que no permite el desplazamiento de grandes masas de agua, en forma de nubes, a otros lugares. Gran parte del agua es retenida por las copas de los árboles más altos; otra parte resbala por las hojas y troncos hasta los árboles y plantas más bajas; y, un buen porcentaje se evapora y condensa en forma de pequeñas gotitas que saturan la atmósfera haciéndola altamente húmeda. Suaves y continuos vientos elevan esas partículas de agua hasta las capas más altas de la atmósfera, donde se condensan formando grandes masas de nubes, que por gravedad comienzan a desgajarse de nuevo en forma de lluvias, como etapa de ese permanente y sostenido ciclo hídrico.

 

A pesar de su abundancia los suelos de las selvas húmedas tropicales son frágiles, pues la gran demanda nutricional del inmenso conglomerado de plantas, de sus componentes minerales, lluvias torrenciales y altas temperaturas, no le permiten tener excedentes de esos minerales indispensables para el gran conjunto de biomasa que soporta. Esos grandes conglomerados de plantas y animales, muchos de los cuales son endémicos, o propios, de dichas concentraciones selváticas, han desarrollado infinidad de formas de supervivencia en un medio tan competido. Por ejemplo: la palmera Astrocaryum sciophilum, del tamaño de una persona de mediana estatura, recoge los residuos que caen, de árboles de mayor envergadura, en sus hojas semejantes a embudos, para procesar sus propios nutrientes a partir de esos excedentes orgánicos que capturan. Otras se especializan en cazar insectos; otras parasitan a los gigantescos árboles. Los animales, de los que alrededor del 90% son insectos, pueden ocupar todas las áreas disponibles de un gran árbol, donde es común encontrar más de 150 especies de escarabajos y otras diferentes, agrupadas en colonias, a la manera de habitantes de una nación. Uno de los insectos más representativos de las pluvisilvas son las hormigas, por su gran laboriosidad y capacidad de supervivencia. Es el caso de las cortadoras de hojas, con las que cultivan su propio alimento en sus nidos, donde las fertilizan con la saliva; mediante este proceso desarrollan un hongo que convierten en su principal fuente de alimento.

 

Según estimativos, en menos de 20km2 de territorio puede haber hasta 100 especies diferentes de mamíferos; estos ocupan cualquier nicho ecológico posible, desde las madrigueras en el suelo hasta las ramas de los árboles. La mayoría son de actividades nocturnas o crepusculares (al amanecer o al anochecer), pasando los momentos más calurosos del día durmiendo. La familia más numerosa de mamíferos de la pluvisilva son los murciélagos, mamíferos voladores de gran actividad nocturna. El conjunto de los animales de mayor tamaño que habitan en las selvas húmedas, como los vertebrados, a diferencia de los insectos, arácnidos, otros menores y microorganismos, que pueden ser comunes en dichas selvas, son peculiares y exclusivos de determinados hábitats. Por ejemplo, en las pluvisilvas asiáticas encontramos elefantes y gorilas que no existen en ninguna otra similar; otros, como el perezoso, presentan diferencias morfológicas entre un medio y otro. La selva amazónica posee los mayores reptiles del mundo, el oso hormiguero de mayor tamaño; y el jaguar, el felino con la mándibula más poderosa, en las profundidades de la selva, huyendo del único vertebrado y depredador que está presente en todas: el hombre.

 

En estos exóticos y saturados ámbitos de vida la dependencia mutua entre plantas y animales es también muy común, como ocurre con el 90% de los árboles que dependen de diverso tipo de animales para dispersar sus semillas, lo que garantiza la continuidad de las especies; en otras circunstancias diversas plantas son protegidas de sus depredadores, como es el caso del árbol serpiente que en las cavidades de sus tallos alberga a las hormigas mordedoras que ahuyentan a los posibles depredadores de la planta, como plantas trepadoras y hervíboros ambrientos. Esa ayuda en doble sentido (en la reproducción, la nutrición, la defensa y la vivienda) a veces llega a ser tan estrecha que es determinante para la existencia de las especies comprometidas; así, todos los tipos de higueras dependen de una o más especies de avispas, y estas, a la vez, dependen de las higueras. Sin la tarea de polinización  que ejecutan las avispas, las higueras no se reproducirían, lo que determinaría su total extinción; y sin el abrigo para sus huevos y larvas, en el follaje de las higueras, su destino sería similar.

 

Por sus características climáticas, su ubicación entre trópicos, a lo largo del ecuador terrestre, lo que determina el mayor contacto con la energía solar, la gran concentración de especies de fauna y flora, y los grandes volúmenes de minerales varios así como de hidrocarburos, las selvas húmedas son referentes de explotación intensiva por individuos de las sociedades industriales y emergentes, que han buscado hacer de estas cotos de explotación permanente a semejanza de las tierras de cultivos consuetudinarios. Dicha actitud ha llevado a la transgresión de su peculiar paisaje, con carreteras, terrenos despejados para cultivos y ganadería, perforación del subsuelo y desmonte para explotaciones petroleras y mineras. Tal dinámica, de hecho, ha determinado un amplio grupo de damnificados inmediatos entre fauna y flora, así como grupos humanos aborígenes ancestrales, pero, en mayor cubrimiento, todas las regiones del mundo y todos sus habitantes se verán afectados por el deterioro de los más importantes reductos de vida que, como reguladores climáticos y productores de oxígeno, han contribuido en gran medida con la existencia de todos los seres vivos en el planeta.